Puede permanecer hasta media hora sumergida y disminuir a la mitad su ritmo cardíaco (lo que limita la circulación y las pérdidas térmicas); cuando sale del agua recupera el ritmo respiratorio normal y entre en calor al exponer su cuerpo oscuro al sol tropical y apoyar su parte inferior en las rocas caldeadas por el sol. Por lo que respecta a la regulación térmica puede decirse, por lo tanto, que la iguana marina dispone de lo mejor de ambos mundos: un medio marino frío en el que su temperatura corporal puede alejarse al instante del peligroso máximo tolerable y un medio terrestre que le permite calentarse con rapidez hasta alcanzar la temperatura requerid para iniciar la digestión.