Las consecuencias de esta política fueron desastrosas al caer la Unión Soviética que ataba a estos territorios. Por ejemplo, Nagorko-Karabaj, con una mayoría armenia cristiana, pasó a formar parte de Azerbaiyán, islámico, y a fines de los años ochenta se convirtió en el centro de una guerra brutal entre Azerbaiyán y Armenia. La región de Dniester, un reducto étnico ruso y ucraniano, fue fusionada con Moldavia, rumana, y estableció las bases para un futuro movimiento secesionista en los 90.