FREILA: EL ALIMOCHE COMÚN Y LOS HUEVOS DE AVESTRUZ...

EL ALIMOCHE COMÚN Y LOS HUEVOS DE AVESTRUZ

Como su homónimo sombrío, el alimoche común suele ser comensal del hombre. Como él, colabora en la eliminación de los desperdicios, engullendo los desechos que se acumulan en torno a los poblados, los residuos de los mataderos y de los vertederos de basura e, incluso, los excrementos humanos. A diferencia del alimoche sombrío, sin embargo, el común no sólo consume restos orgánicos y algunos ocasionales insectos: cuando la ocasión se presenta, también depreda pequeños vertebrados, tales como pollos de flamenco, peces moribundos, pequeñas tortugas e incluso conejos débiles o enfermos. Pero más que estas pequeñas rapiñas, el rasgo conductual que más sorprende en el alimoche común es, sin duda alguna, la manera que tiene de apropiarse del rico contenido de los huevos de los avestruces y de otras de gran tamaño.

A veces, cuando un avestruz deja sin vigilancia alguno de sus huevos en la sabana, un chacal intenta apoderarse de este bocado aparentemente fácil que encierra más de un kilogramo de nutritivo alimento. Pero el huevo tiene una cáscara dura, lisa como el mármol y prácticamente imposible de romper por el chacal, cuyas mandíbulas no consiguen cerrarse en torno a ella. Finalmente, el depredador no tiene más remedio que renunciar a su inmóvil presa y cederla a un carroñero alado, a un oportunista que, por lo menos en esta parte de la sabana del este de África, se ha convertido en un verdadero especialista.

Haciendo gala de un comportamiento inusual en el mundo de las aves –el de utilizar instrumentos-, el pequeño alimoche utiliza piedras que maneja diestramente con el pico, arrojándolas o dejándolas caer una y otra vez sobre los grandes huevos, hasta conseguir romper su cáscara. Más instintiva que propiamente inteligente, ya que el ave no la aprende de otros individuos de su especie, esta pauta de conducta deriva probablemente de otra más primitiva que consiste en arrojar pequeños huevos contra yunques de roca para romperlos. Siempre que pueden, en efecto, los alimoches comunes prefieren utilizar piedras redondas y de forma más o menos ovoide para romper los huevos de avestruz, en lugar de piedras con cantos agudos y, por tanto, más adaptadas para este propósito.