Como los actuales pitones, boas y otros macrostomados –pues éste es el nombre que recibe la segunda rama de los aletinofidios-, estos antiguos ofidios ya utilizaban la constricción, un comportamiento que permite inmovilizar presas mucho más corpulentas y nutrirse con menso frecuencia. Algunos de estos ancestrales boidos –como, por ejemplo, Madtsoia bai- alcanzaban los 10 m de longitud y rivalizaban, por tanto, con la actual anaconda verde.