El equipo de investigación de Sue Savage-Rumbaugh, los psicólogos que enseñaron al bonobo Kanzi a dominar un lenguaje compuesto por 256 lexigramas o figuras abstractas –y que descubrieron accidentalmente que también podía comprender centenares de palabras del inglés hablado-, topó asimismo con este escollo sintáctico. Pese a que Kanzi demostró una gran inventiva al desarrollar sin imitarla algunas reglas gramaticales, la mayor parte de sus oraciones tampoco comprendían más de dos signos. Aún así, su vocabulario y su facilidad de comprensión del lenguaje hablado no eran inferiores a los de un niño de dos años y medio. Según Savage-Rumbaugh y sus colaboradores, esta facilidad de aprendizaje parece reflejar que estos monos –y también los chimpancés- disponen ya de verdaderos lenguajes propios, gestuales y/o vocales, que todavía no han podido descifrarse.