Pese a su contundencia, estos experimentos lingüísticos no tardaron en recibir un aluvión de críticas. Entre las más definitivas figuraban las que emitieron el psicólogo Herbert Terrace y sus colegas tras grabar en vídeo los cerca de 20.000 intentos de signos creados por Nim. Según concluían los autores el chimpancé era incapaz de yuxtaponer más de dos signos de un mundo coherente y adecuado al contexto, era excesivamente imitativo y no podía inventar una regla gramatical tan simple como la de sujeto y predicado. Las críticas de Terrace recibieron a su vez sus contracríticas –entre ellas, que también los niños utilizan la imitación cuando aprenden a hablar, o que Nim no gozó de unos vínculos emocionales estrechos para realizar su aprendizaje ya que tuvo sesenta maestros diferentes-, pero ninguna de ellas logró disipar la duda sobre si los chimpancés son realmente capaces de superar el escollo de la sintaxis.