Las rapaces andinas, en particular, están muy bien adaptadas para encumbrase en las corrientes ascendentes y los fuertes vientos, lo que les permite encontrar con cierta facilidad el escaso y disperso alimento. Además del enorme cóndor andino, que a menudo se alimenta de guanacos muertos, frecuentan estas alturas otras carroñeras como el ubicuo aura gallipavo –que puede encontrase hasta los 4.300 m, límite altitudinal que comparte con el también ubicuo cernícalo americano-, el caracara andino y, más ocasionalmente, los caracaras carancho, chimango y araucano. Algo más fértiles que el cóndor andino cuya hembra pone un solo huevo, los caracaras suelen poner dos, si bien es raro que en alta montaña sobreviva más de una cría. Por lo demás, y a diferencia de los catártidos, los caracaras no son carroñeros estrictos: muy eclécticos en lo que a alimentación se refiere, estos extraños falcónidos capturan todo tipo de animales pequeños, siempre que sean fáciles de capturar y opongan escasa resistencia.