Reproducción
Las hembras de guanaco paren cada dos años, por lo general una única cría. En el sur del área de distribución, los apareamientos tienen lugar durante el corto verano austral y, tras una gestación de once a doce meses, a menudo con una gran sincronización en el parto que ayuda a protegerlos de los depredadores, nacen las crías o chulengos. Estos, que pesan de 6 a 16 kg., ya son plenamente activos media hora después de nacer y su lactancia dura de once a quince meses.
Tras ser estrechamente custodiados por su madre durante aproximadamente un año, los jóvenes guanacos son expulsados del grupo por el macho dominante. Los añojos de sexo masculino, que entonces tienen de trece a quince meses de edad, forman grupos de solteros, inestables en su composición y que ocupan hábitats periféricos. Durante los tres o cuatro años que pasen en estos grupos, los jóvenes se enzarzan en peleas lúdicas y aprenden las técnicas de combate de las que dependerá luego su éxito reproductivo. Terminado este período, se dispersan para intentar conseguir territorios propios y, llegado el caso, entablar feroces luchas por las hembras.
Las hembras de guanaco paren cada dos años, por lo general una única cría. En el sur del área de distribución, los apareamientos tienen lugar durante el corto verano austral y, tras una gestación de once a doce meses, a menudo con una gran sincronización en el parto que ayuda a protegerlos de los depredadores, nacen las crías o chulengos. Estos, que pesan de 6 a 16 kg., ya son plenamente activos media hora después de nacer y su lactancia dura de once a quince meses.
Tras ser estrechamente custodiados por su madre durante aproximadamente un año, los jóvenes guanacos son expulsados del grupo por el macho dominante. Los añojos de sexo masculino, que entonces tienen de trece a quince meses de edad, forman grupos de solteros, inestables en su composición y que ocupan hábitats periféricos. Durante los tres o cuatro años que pasen en estos grupos, los jóvenes se enzarzan en peleas lúdicas y aprenden las técnicas de combate de las que dependerá luego su éxito reproductivo. Terminado este período, se dispersan para intentar conseguir territorios propios y, llegado el caso, entablar feroces luchas por las hembras.