UNA DESPENSA DE ALTURA
Un leopardo suele defender con fiereza las presas que captura, pero no siempre: si pone en peligro sus cachorros, si se ve rodeado de una numerosa manada de hienas o llega el rey león, aunque sea sólo, entonces tendrá que renunciar a la caza que tanto le ha costado conseguir. Ante tales peligros, y a no ser que tenga un hambre insuperable, una vez muerta la presa, el leopardo, después de comer sí acaso un pedazo de su parte superior, a menudo la lleva enseguida al árbol más próximo. Allí sube el cadáver -apresado entre sus mandíbulas- hasta una rama que puede estar a 6 ó 7 m del suelo, o más si la resistencia del árbol lo permite. Se trata de una altura suficiente del árbol lo permite.
Se trata de una altura suficiente como para dejarlo fuera del alcance de la mayoría de carroñeros de la sabana, que son muchos más de los que habitualmente se piensa, ya que la mayor parte de depredadores nunca desprecian una presa muerta. En cambio, pocos pueden trepar un árbol hasta los lugares a los que llega el leopardo. Sin embargo, algún avispado carroñero con hambre atrasada puede que no resista la tentación de contemplar impotentemente semejante manjar. En cualquier caso, si los leones huelen la “carne en conserva”, harán todo lo posible por hacerse con ella. Es difícil que puedan comerla en el mismo árbol, pero en ese caso la harán caer. Así pues, aún sin quererlo, a veces el leopardo caza para otros que no pertenecen a su familia.
El leopardo puede acarrear presas muy pesadas hasta lo alto de un árbol gracias a su musculatura corporal y, en especial, a sus anchas y robustas patas, que están provistas de poderosas uñas que le permiten agarrarse con seguridad al tronco. Gracias a este sistema, el leopardo tiene carne asegurada durante unos días para él, su pareja y sus cachorros. Además, la altura retarda la descomposición de sus presas (ya que la altísima temperatura que alcanza el suelo acelera hasta cuatro veces este proceso). No es exagerado, pues, decir que, mucho antes que el hombre, este felino inventó la despensa.
Un leopardo suele defender con fiereza las presas que captura, pero no siempre: si pone en peligro sus cachorros, si se ve rodeado de una numerosa manada de hienas o llega el rey león, aunque sea sólo, entonces tendrá que renunciar a la caza que tanto le ha costado conseguir. Ante tales peligros, y a no ser que tenga un hambre insuperable, una vez muerta la presa, el leopardo, después de comer sí acaso un pedazo de su parte superior, a menudo la lleva enseguida al árbol más próximo. Allí sube el cadáver -apresado entre sus mandíbulas- hasta una rama que puede estar a 6 ó 7 m del suelo, o más si la resistencia del árbol lo permite. Se trata de una altura suficiente del árbol lo permite.
Se trata de una altura suficiente como para dejarlo fuera del alcance de la mayoría de carroñeros de la sabana, que son muchos más de los que habitualmente se piensa, ya que la mayor parte de depredadores nunca desprecian una presa muerta. En cambio, pocos pueden trepar un árbol hasta los lugares a los que llega el leopardo. Sin embargo, algún avispado carroñero con hambre atrasada puede que no resista la tentación de contemplar impotentemente semejante manjar. En cualquier caso, si los leones huelen la “carne en conserva”, harán todo lo posible por hacerse con ella. Es difícil que puedan comerla en el mismo árbol, pero en ese caso la harán caer. Así pues, aún sin quererlo, a veces el leopardo caza para otros que no pertenecen a su familia.
El leopardo puede acarrear presas muy pesadas hasta lo alto de un árbol gracias a su musculatura corporal y, en especial, a sus anchas y robustas patas, que están provistas de poderosas uñas que le permiten agarrarse con seguridad al tronco. Gracias a este sistema, el leopardo tiene carne asegurada durante unos días para él, su pareja y sus cachorros. Además, la altura retarda la descomposición de sus presas (ya que la altísima temperatura que alcanza el suelo acelera hasta cuatro veces este proceso). No es exagerado, pues, decir que, mucho antes que el hombre, este felino inventó la despensa.