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Reproducción y territorio

Debido a la extensa área de distribución del leopardo, sus poblaciones se adaptan al clima de cada zona, y esto afecta también a las pautas de reproducción. Por ejemplo, en las regiones subtropicales, las hembras entran en celo en primavera; en cambio, en el trópico presentan ciclos continuos durante todo el año, siendo receptivas durante una semana para volver a estar en celo pasadas aproximadamente tres semanas. El leopardo es un animal solitario y territorial. La extensión de su territorio varía de 1 a 100 km2, según la disponibilidad de alimento, y sus dominios suelen solaparse con los de otros individuos. Marca el terreno con orina y rascando el suelo y los troncos.

En las zonas compartidas o fronterizas pueden producirse acercamientos que terminen en combates bastante aparatosos, pero raramente lesivos par los contendientes porque no llegan a morderse con la fuerza con que cazan. Por supuesto, los cachorros, jóvenes y hembras pueden estar dentro del territorio. Si una hembra está en celo, se produce el acercamiento y se inicia el cortejo que terminará con el apareamiento. La pareja puede seguir unida algunos días o incluso semanas, cazando entonces conjuntamente y compartiendo las presas.

Tras una gestación de 3-5,5 meses, la hembra dará a luz dos o tres cachorros. Éstos pesarán unos 500 g y serán amamantados durante otros tres meses, permaneciendo junto a la madre de medio año a dos años. Este período es fundamental para su supervivencia, porque la madre les protege y les enseña a esconderse, a cazar y a usar los árboles. Alcanzan la madurez sexual a los 2-3 años, edad en que las hembras ocuparán parte del territorio de la madre o entrarán en el de otros adultos, pero los machos jóvenes deben abandonar el territorio de cualquier macho adulto y buscar uno propio donde establecerse.