Cuando está cerca, la pequeña ola generada por la misma orca actúa de lente transparente que le permite divisar a la presa y apuntar con precisión. Por fin, con un gran impulso, el gigante del mar surge de la aparentemente inofensiva ola para abalanzarse sobre el león marino. Si éste logra zafarse en el último momento, la orca todavía maniobrará sobre la playa girando su inmenso corpachón de un lado a otro para atraparlo. En cuanto lo consigue, arquea su cuerpo pivotando sobre el vientre y se ayuda con la aleta caudal para retroceder un poco, de manera que, con la siguiente ola, pueda deslizarse y volver al mar.