LA CAZA
El método
Cuando el tigre sale de caza, lo hace en silencio, sin emitir un solo rugido, ya que su sistema de detección se basa en la vista y el oído. Tan pronto como localiza a una presa, o avanza hacia ella o se pone al acecho y se queda completamente inmóvil, camuflado entre la vegetación por su pelaje críptico. Si avanza, lo hace paso a paso, furtivamente y quizás a contra viento, aunque a menudo prefiere que sea su víctima la que se le acerque. Durante su lentísimo rececho, el felino avanza materialmente pegado al terreno y oculto entre la espesura.
Cuando la distancia se acorta suficientemente, el tigre emprende una veloz carrera, salta sobre el lomo de su víctima y, agarrando el cuello del animal, intenta derribarlo al tiempo que le muerde en la garganta. Si la presa es excesivamente en la garganta. Si la presa es excesivamente grande, la derriba con la potencia combinada de su peso y su impulso, apretándole la tráquea con sus fauces hasta que muere de asfixia (sí la presa es pequeña, también puede matarla de un simple zarpazo).
El tigre suele improvisar su asalto según la situación de la presa y la configuración del terreno. Si el ataque fracasa, el felino no persigue a su presa y prefiere buscar una nueva. Si consigue capturarla, no la devora de inmediato sino que la traslada a un lugar resguardado donde la consume poco a poco, empezando a menudo por los cuartos traseros. El consumo de un chital o de otra presa de tamaño medio dura uno o dos días, mientras que la ingestión de un búfalo o un gaur se prolonga hasta cuatro a cinco. Durante este período, el tigre interrumpe con frecuencia su banquete para beber en el abrevadero más próximo o para hacer una breve siesta, no sin antes cubrir a su presa o esconderla entre la maleza. Esta precaución es necesaria para protegerla de los animales carroñeros, en especial de los buitres que, cuando acuden en tropel, pueden devorar la presa en menos de media hora.
El método
Cuando el tigre sale de caza, lo hace en silencio, sin emitir un solo rugido, ya que su sistema de detección se basa en la vista y el oído. Tan pronto como localiza a una presa, o avanza hacia ella o se pone al acecho y se queda completamente inmóvil, camuflado entre la vegetación por su pelaje críptico. Si avanza, lo hace paso a paso, furtivamente y quizás a contra viento, aunque a menudo prefiere que sea su víctima la que se le acerque. Durante su lentísimo rececho, el felino avanza materialmente pegado al terreno y oculto entre la espesura.
Cuando la distancia se acorta suficientemente, el tigre emprende una veloz carrera, salta sobre el lomo de su víctima y, agarrando el cuello del animal, intenta derribarlo al tiempo que le muerde en la garganta. Si la presa es excesivamente en la garganta. Si la presa es excesivamente grande, la derriba con la potencia combinada de su peso y su impulso, apretándole la tráquea con sus fauces hasta que muere de asfixia (sí la presa es pequeña, también puede matarla de un simple zarpazo).
El tigre suele improvisar su asalto según la situación de la presa y la configuración del terreno. Si el ataque fracasa, el felino no persigue a su presa y prefiere buscar una nueva. Si consigue capturarla, no la devora de inmediato sino que la traslada a un lugar resguardado donde la consume poco a poco, empezando a menudo por los cuartos traseros. El consumo de un chital o de otra presa de tamaño medio dura uno o dos días, mientras que la ingestión de un búfalo o un gaur se prolonga hasta cuatro a cinco. Durante este período, el tigre interrumpe con frecuencia su banquete para beber en el abrevadero más próximo o para hacer una breve siesta, no sin antes cubrir a su presa o esconderla entre la maleza. Esta precaución es necesaria para protegerla de los animales carroñeros, en especial de los buitres que, cuando acuden en tropel, pueden devorar la presa en menos de media hora.