FREILA: El ciclo vital...

El ciclo vital

Los únicos encuentros afectivos entre el macho y la hembra tienen lugar durante la época nupcial, un período que rara vez se prolonga más allá de diez días. Durante este breve idilio, comparten la caza y la comida, duermen juntos y copulan con frecuencia porque la tigresa necesita ser estimulada sexualmente para poder ovular. A menos que la hembra se muestre agresiva y la serie se interrumpa, el patrón típico es de cinco a seis cópulas en intervalos de quince minutos
Después de unos 105 días de gestación, la hembra pare dos o tres crías, seis como máximo, en una guarida situada entre las rocas o entre la densa vegetación. Las crías abren los ojos entre los seis y los catorce días, son destetada cuando tienen de tres a seis meses, y comienzan a seguir a su madre hacia los seis. Pese a ferocidad con que ésta los defiende, la mitad de los cachorros no sobrevive más de dos años.

A esta edad, los jóvenes supervivientes ya son capaces de cazar por sí solos -ya han adquirido esta habilidad entre los 11 y los 18 meses-; poco tiempo después, hacia los 24 meses, se emanciparán de la madre, pero aún tardarán de uno a tres años más en alcanzar la madurez sexual.

Cuando se emancipan, los jóvenes se ven obligados a alejarse de su zona natal porque las zonas adyacentes, con una densidad mediana de presas, ya están ocupadas por sabadultos algo mayores. Hasta que consigan establecer su propio territorio, quedarán relajados a las áreas periféricas, pero este contratiempo supone una ventaja para el conjunto de la población, porque los jóvenes, en su obligada dispersión, terminan por unirse a poblaciones vecina, asegurando de este modo el necesario intercambio genético y la reocupación de los territorios libres por la muerte del antiguo propietario.