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Un animal con sonar

Se puede decir que el delfín es un animal provisto de sonar, pues posee un sistema de ecolocación (localización por el eco) similar al de barcos y submarinos. Dicho sistema funciona del siguiente modo: un emisor lanza ondas de una frecuencia adecuada en una dirección concreta, que rebotan de manera distinta según los objetos que encuentran, y finalmente estas ondas de retorno son captadas por un receptor. En los delfines, el emisor de ondas está situado en la cavidad nasal y las ondas se amplifican en el melón, que actúa como una lente; las ondas de retorno son captadas por la mandíbula inferior y transmitidas a través de los tejidos blandos hasta la membrana timpánica. Allí se reciben las vibraciones y la red neuronal las envía al cerebro, donde son interpretadas.

Se emite siempre hacia delante en un amplísimo abanico de frecuencias: entre 250 y 220.000 Hz (ciclos por segundo). Las ondas de baja frecuencia (denominadas LF. “Low Frequency”) se producen en el melón y proporcionan datos de objetos alejados, incluso a cientos de metros. Las de alta frecuencia (HF: “High Frequency”) se emiten por el extremo del hocico y definen con gran precisión los elementos situados más cerca (a unas decenas de metros).

Las ventajas de poseer semejante sistema (con el que también cuentan los murciélagos, pero no muchos otros animales) resultan obvias en un medio con poca penetración para la luz y, sobre todo, de noche. Con las peces alejados. Con las ondas HF pueden distinguir si aquello que “ven por el sonar” es duro (una piedra) o blando (una presa), su forma y su textura, incluso si está bajo la arena, pues las ondas atraviesan muchos tipos de materiales porosos. Los delfines también pueden emitir a muy alta frecuencia directamente sobre una presa con el objetivo de aturdirla y de este modo facilita su captura.

La direccionalidad de la emisión permite al delfín saber exactamente dónde está situado cada objeto, y la interpretación del cerebro –basada en el aprendizaje y la experiencia- le configura una imagen acústica completa del entorno, como si se tratase de una fotografía. En ciertas situaciones de mar en calma los delfines no utilizan el sonar porque los chasquidos que producen las emisiones podrían alertar a la presa. Entonces prefieren permanecer totalmente inmóviles escuchando hasta que su finísimo oído les orienta: pueden oír pequeñísimos chapoteos e incluso la respiración de un pez situado a bastantes metros de distancia, pues el agua transmite los sonidos mucho mejor y más rápido que el aire.