LA CAZA
El método
El puma se alimenta principalmente de mamíferos medianos y grandes, a los que da caza tras un sigiloso rececho. En lugar de acecharlos desde un escondrijo, deambula en silencio (sus pies peludos amortiguan los crujidos de las hojas), atento a todos los ruidos y al menor movimiento. Tan pronto como detecta una presa, se queda inmóvil, oculto entre la espesura o camuflado contra el suelo rocoso, calculando la distancia y sus probabilidades de éxito. Acto seguido, inicia una lenta aproximación hasta unos pocos metros de su víctima y, con el vientre pegado a tierra, espera el momento oportuno para lanzarse sobre su dorso o agarrarla tras una fulgurante carrera.
Favorecido por la longitud y la potencia de las patas posteriores, el a}aque, en este último caso, se efectúa a 80 km/h, pero esta velocidad sólo puede mantenerse durante unos pocos segundos. Más notoria aún que su velocidad en la última carrera es la gran capacidad que tiene el puma para el salto. Capaz de brincar desde el suelo para encaramarse a una rama situada a unos 5,5 m de altura, el félido hace también amplio uso de su capacidad saltatoria para abatir a sus víctimas.
Tras la muerte de la presa, que suele producirse por un mordisco en la garganta que perfora la tráquea (a menos que se trate de un cérvido de gran tamaño, en cuyo caso utiliza sus patas anteriores para torcer y quebrar el cuello de la víctima), el puma acostumbra a arrastrar la presa hasta un refugio seguro donde la devora parcialmente. A continuación, si la caza escasea, cubre el cadáver con hojas y ramas para poder consumirlo durante los días siguientes; si, por el contrario, las presas abundan, es posible que sólo se alimente una vez del cadáver y que no lo recubra.
El método
El puma se alimenta principalmente de mamíferos medianos y grandes, a los que da caza tras un sigiloso rececho. En lugar de acecharlos desde un escondrijo, deambula en silencio (sus pies peludos amortiguan los crujidos de las hojas), atento a todos los ruidos y al menor movimiento. Tan pronto como detecta una presa, se queda inmóvil, oculto entre la espesura o camuflado contra el suelo rocoso, calculando la distancia y sus probabilidades de éxito. Acto seguido, inicia una lenta aproximación hasta unos pocos metros de su víctima y, con el vientre pegado a tierra, espera el momento oportuno para lanzarse sobre su dorso o agarrarla tras una fulgurante carrera.
Favorecido por la longitud y la potencia de las patas posteriores, el a}aque, en este último caso, se efectúa a 80 km/h, pero esta velocidad sólo puede mantenerse durante unos pocos segundos. Más notoria aún que su velocidad en la última carrera es la gran capacidad que tiene el puma para el salto. Capaz de brincar desde el suelo para encaramarse a una rama situada a unos 5,5 m de altura, el félido hace también amplio uso de su capacidad saltatoria para abatir a sus víctimas.
Tras la muerte de la presa, que suele producirse por un mordisco en la garganta que perfora la tráquea (a menos que se trate de un cérvido de gran tamaño, en cuyo caso utiliza sus patas anteriores para torcer y quebrar el cuello de la víctima), el puma acostumbra a arrastrar la presa hasta un refugio seguro donde la devora parcialmente. A continuación, si la caza escasea, cubre el cadáver con hojas y ramas para poder consumirlo durante los días siguientes; si, por el contrario, las presas abundan, es posible que sólo se alimente una vez del cadáver y que no lo recubra.