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Apareamiento y parto

Aunque los pumas pueden aparearse en cualquier época del año, en varios puntos de su extensa área de distribución tienden a hacerlo en fechas concretas. Los pumas del norte de Argentina, por ejemplo, suelen aparearse de mayo a julio, en tanto que los de a Patagonia tienden a hacerlo al final de este período o en agosto (de este modo, los nacimientos tendrán lugar durante la primavera austral). Análogamente, en Canadá y el norte de Estados Unidos, donde la mayoría de los nacimientos tiene lugar a fines de invierno o a principios de la primavera boreal, los apareamientos suelen producirse de octubre a enero.

El celo o estro de la hembra, que puede tener varios ciclos estrales consecutivos, dura de 9 a 11 días. Como en otros félidos, la ovulación se produce por estimulación sexual, tras los breves apareamientos que se repiten con frecuencia durante las aproximadamente dos semanas en que conviven ambos sexos. Durante el apareamiento, que no tarda más de un minuto, la hembra permanece tumbada en el suelo mientras el macho la mordisquea en la nuca. Terminado el fugaz período en que ambos sexos permanecen juntos, la hembra vive y caza sola durante los tres meses de gestación. Cuando se acerca el momento del parto, busca en su territorio un refugio seguro en el que pueda dar a luz a sus crías, cuyo número suele ser de tres o cuatro, si bien puede oscilar desde una hasta seis.