Un animal solitario y territorial
Como la mayoría de félidos, el puma es un animal solitario que evita el contacto con sus congéneres. Todos los estudios efectuados hasta la fecha muestran que cada individuo vive en su propio territorio y que los únicos momentos de coexistencia son el brevísimo período de cortejo y reproducción y el período, mucho más prolongado, durante el cual la hembra cría a su prole. La comunicación se efectúa sobre todo por señales visuales y olfativas.
Los machos marcan con sus garras el suelo o la nieve a intervalos regulares, depositando a veces orina o heces en las depresiones así creadas; también marcan los troncos de los árboles, y tanto ellos como las hembras rozan las ramas de árboles y arbustos para impregnarlas con su olor. Entre las vocalizaciones de ambos sexos se incluyen gruñidos, seseos y silbidos como de pájaro, pero nunca verdaderos rugidos porque, contrariamente a los grandes felinos del género Panthera, el puma tiene un hioides osificado que le impide rugir.
Como la mayoría de félidos, el puma es un animal solitario que evita el contacto con sus congéneres. Todos los estudios efectuados hasta la fecha muestran que cada individuo vive en su propio territorio y que los únicos momentos de coexistencia son el brevísimo período de cortejo y reproducción y el período, mucho más prolongado, durante el cual la hembra cría a su prole. La comunicación se efectúa sobre todo por señales visuales y olfativas.
Los machos marcan con sus garras el suelo o la nieve a intervalos regulares, depositando a veces orina o heces en las depresiones así creadas; también marcan los troncos de los árboles, y tanto ellos como las hembras rozan las ramas de árboles y arbustos para impregnarlas con su olor. Entre las vocalizaciones de ambos sexos se incluyen gruñidos, seseos y silbidos como de pájaro, pero nunca verdaderos rugidos porque, contrariamente a los grandes felinos del género Panthera, el puma tiene un hioides osificado que le impide rugir.