Las hoplomaquias tampoco merecían el nombre de “deporte”, pues se trataba de monstruosos combates de gladiadores profesionales. Reclutados entre condenados y prisioneros de guerra, y en alguna época entre los esclavos de un amo traficante de humanos, contaba también con algunos hombres libres, en sentido jurídico, a quienes la miseria o la desgracias habían empujado a aceptar tan triste profesión.