Aprovechando esas ideas milenaristas, surgieron muchos movimientos mesiánicos, en los cuales un héroe, o mensajero divino, tendría la misión de instaurar una sociedad perfecta. La región chaqueña de Argentina no quedó al margen de estos procesos, y entre 1924 y 1937 se desarrollaron tres movimientos que tuvieron dos características: por un lado recuperar los valores comunitarios tradicionales y por el otro una expresión organizada de una resistencia indígena frente a la opresión de la sociedad nacional argentina de aquel entonces.