Tras numerosas campañas de sensibilización de la opinión pública mundial, en octubre de 1989 el elefante africano fue incluido en el Apéndice I de la CITES (Convención Internacional sobre el Tráfico de Especies Amenazadas), lo que significaba la prohibición, por lo menos teórica, del comercio internacional de marfil. Aunque cinco de los 110 países votantes del acuerdo eligieron “entrar en reservas”, lo que en la práctica les eximía de la prohibición, los efectos de la moratoria de la CITES no tardaron el hacerse notar. La población total de elefantes, que después de 1989 había descendido a menos de 425.000 ejemplares, se estabilizó para mantenerse en torno a los cerca de 600.000 elefantes que probablemente existen en la actualidad.