El marsupio es como una guardería completa: proporciona a la cría alimento, calor, descanso, seguridad... La hembra no necesita emitir sonidos de alarma (como hacen los ungulados) para que su cría la siga en caso de peligro; basta con huir presta, sabiendo que su cría está segura en su interior. Esta no sale si no es imprescindible; cuando ya está crecida y alterna la leche con hierba, asoma la cabeza para intentar arrancarla, pero sin llegar a salir de la bolsa. Y cuando ya es tan grande que está más tiempo fuera que dentro, acude a ella para mamar. Tomará una leche de composición distinta a la que toma simultáneamente el embrión que ya ha nacido y que se encuentra dentro del marsupio.