FREILA: Depredadores...

Depredadores

Antiguamente, las tierras australes estaban pobladas de criaturas enormes, como el lagarto monitor gigante, que con sus 7 m de longitud y más de 600 kg de peso sin duda daba buena cuenta de los antepasados de los canguros. Pero en la actualidad ya no quedan depredadores de este tamaño. Hay marsupiales carnívoros, pero la mayoría son diminutos y ninguno puede atacar a los grandes canguros. Para encontrar los que sí lo hacen hay que salir del mundo de los marsupiales: algunas serpientes, águilas, el dingo (un perro salvaje que acosa en grupo a los adultos del canguro rojo) y el hombre.

Los habitantes originarios del continente llegaron a Australia hace miles de años y, aunque cazaban lo que podían, no hay noticia de que causaran extinción ni merma de ninguna especie de canguro. En primer lugar por su número, que siempre fue, y sigue siendo, muy pequeño. Y en segundo lugar por sus procedimientos. Uno de ellos es el de provocar incendios, lo cual no es tan grave como pudiera parecer, ya que en ecosistemas no boscosos los incendios renuevan la vegetación y favorecen el rebrote de plantas que sirven de alimentos a los canguros. Algunas gramíneas incluso necesitan los incendios para crecer mejor. Otra de las técnicas de caza de los aborígenes es tan conocida como ingeniosa: está basada en el empleo del boomerang. Con esta original arma voladora pueden alimentarse, pero nunca alterar los ecosistemas. De hecho, los aborígenes sienten un gran respeto por marloo –así llaman al canguro rojo-; en la preciosa leyenda relacionan el carácter bípedo de los hombres con los canguros.