La causa directa más importante no es la sobreexplotación ni la caza abusiva, pues la densidad de población humana sigue siendo bajísima incluso hoy en día. El motivo de este desastre ambiental es que los blancos no llegaron solos, sino que trajeron consigo “especies acompañantes”. Y no unos pocos ejemplares, sino barcos enteros cargos de ganado: ovejas, vacas, cabras... En un país tan inmenso, lo más cómodo y económico es la cría extensiva, de manera que rápidamente. Australia empezó a llenarse de animales no autóctonos que comían y se reproducían sin parar. Prácticamente sin enemigos, convirtieron enormes áreas de tierra en pastos y alteraron el paisaje para siempre. Además, en contraste con las blandas patas de los canguros, las duras pezuñas de ovejas y reses fueron destruyendo la cubierta vegetal y hasta el suelo del territorio. Como consecuencia, en poco tiempo las praderas, convertidas en senderos para el ganado y desprovistas de la protección natural de las plantas, se erosionaron y convirtieron en barrancos y eriales.