Un carácter campechano
A diferencia del negro, el rinoceronte blanco tiene un temperamento muy tranquilo. Precisamente esto facilitó en gran media las grandes matanzas, pues era lastimosamente fácil localizarlo, aproximarse y abatirlo. Su reacciones son previsibles y, al carecer de visión a distancia y ser muy miope (sólo ve bien de cerca, a menos de 30 cm), para satisfacer su curiosidad suele acercarse él mismo; los cazadores saben atraerlo imitando su propio bufido. En su sencilla rutina diaria, después de comer durante las primeras horas del día, se revuelca en el barro y descansa a la sombra en los momento más calurosos. Más tarde acude a lodazales y charcas poco profundas a beber y a bañarse en el fango para refrescarse, aliviar picores y librarse de los molestos parásitos, procurando mantener una protectora capa de barro sobre la piel. La gran dependencia del agua determina sus limitados desplazamientos a lo largo de las estaciones. Se mueve de forma lenta y rectilínea y siempre utiliza las mimas sendas. También le encanta revolcarse en las cenizas, apagando incluso las brasas, por lo que se le llama el “bombero de la sabana”.
A diferencia del negro, el rinoceronte blanco tiene un temperamento muy tranquilo. Precisamente esto facilitó en gran media las grandes matanzas, pues era lastimosamente fácil localizarlo, aproximarse y abatirlo. Su reacciones son previsibles y, al carecer de visión a distancia y ser muy miope (sólo ve bien de cerca, a menos de 30 cm), para satisfacer su curiosidad suele acercarse él mismo; los cazadores saben atraerlo imitando su propio bufido. En su sencilla rutina diaria, después de comer durante las primeras horas del día, se revuelca en el barro y descansa a la sombra en los momento más calurosos. Más tarde acude a lodazales y charcas poco profundas a beber y a bañarse en el fango para refrescarse, aliviar picores y librarse de los molestos parásitos, procurando mantener una protectora capa de barro sobre la piel. La gran dependencia del agua determina sus limitados desplazamientos a lo largo de las estaciones. Se mueve de forma lenta y rectilínea y siempre utiliza las mimas sendas. También le encanta revolcarse en las cenizas, apagando incluso las brasas, por lo que se le llama el “bombero de la sabana”.