Una máquina de comer hierba
A diferencia del negro, cuyo labio prensil le permite ramonear con gran eficacia, el morro del rinoceronte blanco es recto y muy ancho, ideal para arrancar las plantas bajas de la sabana. Y esto es lo que hace la mayor parte del tiempo; se va desplazando lentamente pastando hierba sin parar, pues su poder nutritivo es muy bajo y el cuerpo que hay que alimentar, enorme. Según parece, el nombre de rinoceronte blanco procede de los colonos holandeses, ya que en africaan wijd significa ancho y se pronuncia vait, expresión que con la ocupación inglesa se interpretó como white. No obstante, también es posible que se le denominase intencionadamente blanco porque los primeros ejemplares detectados por los exploradores fuesen de ese color al haberse revolcado en tierra rica en calcio o yeso.
Mientras va rastreando la sabana como una máquina de comer con su sempiterna postura gacha, el rinoceronte es acompañado por las garcillas bueyeras, que corretean bajo el coloso ingiriendo los innumerables insectos y demás invertebrados que levanta a su paso. Más comodones, los bufagos o picabueyes viajan en la azotea, encima del gran ungulado. Su presencia es perfectamente tolerada porque se alimentan de los numerosos parásitos que se esconden en los pliegues y rincones de la piel; asimismo, limpian las heridas, consumiendo los tejidos muertos; finalmente, actúan de centinelas: si detectan cualquier peligro, alzan ruidosamente el vuelo, alertando así a su huésped.
A diferencia del negro, cuyo labio prensil le permite ramonear con gran eficacia, el morro del rinoceronte blanco es recto y muy ancho, ideal para arrancar las plantas bajas de la sabana. Y esto es lo que hace la mayor parte del tiempo; se va desplazando lentamente pastando hierba sin parar, pues su poder nutritivo es muy bajo y el cuerpo que hay que alimentar, enorme. Según parece, el nombre de rinoceronte blanco procede de los colonos holandeses, ya que en africaan wijd significa ancho y se pronuncia vait, expresión que con la ocupación inglesa se interpretó como white. No obstante, también es posible que se le denominase intencionadamente blanco porque los primeros ejemplares detectados por los exploradores fuesen de ese color al haberse revolcado en tierra rica en calcio o yeso.
Mientras va rastreando la sabana como una máquina de comer con su sempiterna postura gacha, el rinoceronte es acompañado por las garcillas bueyeras, que corretean bajo el coloso ingiriendo los innumerables insectos y demás invertebrados que levanta a su paso. Más comodones, los bufagos o picabueyes viajan en la azotea, encima del gran ungulado. Su presencia es perfectamente tolerada porque se alimentan de los numerosos parásitos que se esconden en los pliegues y rincones de la piel; asimismo, limpian las heridas, consumiendo los tejidos muertos; finalmente, actúan de centinelas: si detectan cualquier peligro, alzan ruidosamente el vuelo, alertando así a su huésped.