Aunque la mayor parte del tiempo son animales silenciosos, los rinocerontes se comunican entre sí mediante una gran variedad de sonidos: resoplidos, resuellos, chillidos, rugidos…, algunos de notable intensidad. Se han identificado diez vocalizaciones distintas, entre llamadas de contacto, señales de cortejo, etc. Casi nunca da señales de alarma, ya que, aparte del hombre, el rinoceronte no ha de temer a ningún animal: ni el zarpazo del más poderoso felino, ni la dentellada de la hiena más corpulenta pueden atravesar su recia piel. De hecho, diversos tipos de bala tampoco la perforan por completo, lo que propició un aura de imbatibilidad que le ha perjudicado mucho (porque revalorizaba el trofeo). Por supuesto, existe la posibilidad de que una manada de leones o hienas capture una cría, pero incluso eso es raro porque la madre y demás adultos del grupo arremeterán contra el intruso, y todos los depredadores temen la carga de este acorazado.