Una historia paralela se puede contar de República Democrática del Congo: en 1938, en el parque nacional de Garamba quedaba un centenar de ejemplares, que creció hasta unos esperanzadores 1.200 en 1963, pero los avatares políticos de esta década hicieron descender el número a menos de la mitad, desintegrándose casi por completo a principios de los 80. Allí quedan los últimos rinocerontes blancos del norte: en 1996 se contaban 18, y ya no hay otros aparte de los trece que se encuentran en cautividad. Las esperanzas de supervivencia son casi nulas, habida cuenta de la consanguinidad, las enfermedades, la inestabilidad política del país… y los furtivos, que pueden matar decenas de ejemplares en una sola incursión. Si esto ocurre, la subespecie habrá desaparecido apenas un siglo después de haber sido descubierta.. con un tiro del mayor Gibson.