La vida social de los leones
El león es el único félido que vive en sociedad más o menos complejas. La manada es la unidad básica y está compuesta pro 20 ó 30 individuos (la media es 15 y el récord unos 40), estructurados del siguiente modo: de uno a seis machos adultos, que pueden tener o no relación familiar entre sí, siendo los únicos que se reproducen; de cuatro a doce hembras adultas fértiles, que suelen estar emparentadas; diversos jóvenes de uno a dos años, que aún no han alcanzado la madurez sexual, y los cachorros, generalmente de más de medio año.
Este orden “jerárquico” es precisamente el que se sigue cuando se empieza a comer una pera. Sin embargo, esta sociedad se puede calificar de matriarcal en el sentido de que son las hembras quienes caracterizan la manada, pues, aparte de tener lazos familiares entre ellas, pueden ser hijas de los integrantes del grupo y permanecer en la manada durante toda su vida. En cambio, los machos se integran en una manada ajena al desbancar a los anteriores machos dominantes y, a su vez, son sustituidos por otros -también externos- que demuestren más fortaleza.
El territorio de la manada ocupa entre 20 y 400 km2, siendo esta superficie mayor cuanto más integrantes tiene el grupo y menor cuanto mayor sea la disponibilidad de presas. Si es muy numerosa, la manada puede estar dividida en dos o tres subgrupos más o menos dispersos, pero que mantienen cierta cohesión.
Los ejemplares adultos se reconocen perfectamente entre sí.
El león es el único félido que vive en sociedad más o menos complejas. La manada es la unidad básica y está compuesta pro 20 ó 30 individuos (la media es 15 y el récord unos 40), estructurados del siguiente modo: de uno a seis machos adultos, que pueden tener o no relación familiar entre sí, siendo los únicos que se reproducen; de cuatro a doce hembras adultas fértiles, que suelen estar emparentadas; diversos jóvenes de uno a dos años, que aún no han alcanzado la madurez sexual, y los cachorros, generalmente de más de medio año.
Este orden “jerárquico” es precisamente el que se sigue cuando se empieza a comer una pera. Sin embargo, esta sociedad se puede calificar de matriarcal en el sentido de que son las hembras quienes caracterizan la manada, pues, aparte de tener lazos familiares entre ellas, pueden ser hijas de los integrantes del grupo y permanecer en la manada durante toda su vida. En cambio, los machos se integran en una manada ajena al desbancar a los anteriores machos dominantes y, a su vez, son sustituidos por otros -también externos- que demuestren más fortaleza.
El territorio de la manada ocupa entre 20 y 400 km2, siendo esta superficie mayor cuanto más integrantes tiene el grupo y menor cuanto mayor sea la disponibilidad de presas. Si es muy numerosa, la manada puede estar dividida en dos o tres subgrupos más o menos dispersos, pero que mantienen cierta cohesión.
Los ejemplares adultos se reconocen perfectamente entre sí.