El veneno de algunas cobras puede contener hasta diez enzimas distintos, varios tipos de neurotoxinas y cardiotoxinas, y muchos otros componentes de acción poco menos que desconocida. Pese a tal complejidad, dos investigadores británicos consiguieron descubrir que algunos de estos enzimas no tienen una función letal, sino que “preparan” a la víctima para que tenga una muerte “plácida”. Así, estos elementos destruirían las encefalinas y podrían desempeñar, por tanto, el dolor y el estrés.