Además, todas las cobras experimentan prolongadas mudas en las que el animal no se alimenta en absoluto. La cobra real, por su parte, vive en hábitats provistos de una buena cobertura vegetal y con abundancia de agua, pero gracias a la ectotermia y a la lentitud de su metabolismo, la hembra puede vigilar su nido durante dos meses sin cazar. La ectotermia permite asimismo tener un cuerpo estrecho y alargado, lo que ofrece varias ventajas, entre otras, la posibilidad de deslizarse en estrechos escondrijos. Además, tener una gran superficie con respecto al volumen corporal permite paliar la pérdida de calor exponiendo el cuerpo a la luz solar o apretándolo contra una roca caldeada por el sol; las serpientes también palian esta pérdida enroscándose sobre sí mismas o bien mediante cambios fisiológicos.
Todas estas adaptaciones son vitales incluso para las especies de cobras que viven en el trópico, porque también allí existen importantes oscilaciones térmicas entre el día y la noche o entre las épocas secas y los períodos lluviosos.
Todas estas adaptaciones son vitales incluso para las especies de cobras que viven en el trópico, porque también allí existen importantes oscilaciones térmicas entre el día y la noche o entre las épocas secas y los períodos lluviosos.