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La sopa de tortuga

Una de las causas más antiguas en la merma de las poblaciones de tortugas marinas es la alimentaria. Su carne es apreciada desde antiguo, pero también sus huevos, que han sido recolectados por culturas de todo el mundo, generalmente para la alimentación, aunque, en ocasiones, como ocurre en el caso de la tortuga bastarda de Kemp, no sólo por necesidad sino por sus pretendidos efectos afrodisíacos. Dado el tamaño de las tortugas y su fidelidad al regresar a las mismas playas una y otra vez, resulta muy fácil localizarlas y hasta prever la disponibilidad de sus puestas.

Las dos tortugas bastardas son muy perseguidas por su carne, pero la especie más castigada con diferencia es la verde, que tiene la triste fama de ser la más adecuada para elaborar la célebre sopa de tortuga. El caso de la tortuga boba se podría calificar de “privilegiado”, ya que sus puestas son muy numerosas; su carne, aunque comestible, no es apreciada, y su concha es difícil de trabajar, por lo que no tiene valor comercial. Y, a pesar de todo ello, su población ha disminuido en la mayor parte de su área de distribución.