Del mismo modo, al estudiar el comportamiento de las hormigas no se puede mantener la misma actitud que cuando el objeto de estudio es el gorila. Además, es evidente que sólo algunos animales son susceptible de que el etólogo “se integre” en sus sociedades, y éste es el caso que nos ocupa. No fue hasta enero de 1970 cuando Dian Fossey tocó por primera vez un gorila, en concreto un macho joven llamado Peanuts, ella le tendió la mano y el gorila le dio una palmada. Al principio, Fossey no se acercaba en absoluto a ellos para no molestarlos y no interferir en su conducta, pero luego se dio cuenta –hay que reconocer que por iniciativa del fotógrafo Bob Campbell- que sólo acercándose podría descubrir muchas facetas cotidianas y aún íntimas de la vida de los gorilas. De hecho, existen numerosos precedentes: ya los antropólogos de campo conocen desde hace mucho tiempo la importancia de que el antropólogo conviva con el pueble primitivo que está analizando.