Sus colaboradores, muchos más académicos, afirman que no saben cómo lo conseguía, pero reconocen que nunca se equivocaba. Conocía tan bien a “sus gorilas” que los distinguía perfectamente y les ponía nombre a todos, tratándolos como compañeros. Aseguran que Fossey marcó las pautas para entender la complicada vida social de estos grandes simios, para comprender por qué unos grupos presentan características distintas de otros y por qué mientras algunos individuos responden de una manera a ciertos estímulos, otros se comportan de forma distinta. Se puede decir que cada individuo tiene su personalidad.