Cazar en Cooperación
Aunque no es raro que los monos machos “se mofen” de las águilas coronadas trepando a los árboles en los que éstas se posan y tirándoles de las patas, basta con que una de estas águilas empresa el vuelo para que cunda la alarma entre las bandadas de simios. Y es que, pese a la dificultad que suponen estas presas, la gran rapaz africana no sólo está perfectamente adaptada para atraparlas sin peligro, sino que además utiliza estrategias de caza tan elaboradas como precisas.
A menudo el uso de estas estrategias supone una íntima colaboración con su pareja. Para capturar cercopitecos verdes, por ejemplo, no es raro que el macho emita sus sonoros reclamos desde lo alto de la bóveda arbórea mientras la hembra avanza hacia una posición ventajosa para lanzar a su ataque desde abajo.
Distraídos por el macho, los monos no descubren la presencia de esta última hasta que ya es demasiado tarde. Su vuelo de rama en rama, por un territorio que conoce al detalle, es tan silencioso como rápido y atrapa al joven cercopiteco por sorpresa con una de sus garras mientras la otra le destroza el cráneo. Un vez abatida la presa, ambos sexos suelen compartirla, a menos que estén criando, en cuyo caso el mono es decapitado antes de ser transportado al nido para evitar todo peligro para el polleulo.
Aunque no es raro que los monos machos “se mofen” de las águilas coronadas trepando a los árboles en los que éstas se posan y tirándoles de las patas, basta con que una de estas águilas empresa el vuelo para que cunda la alarma entre las bandadas de simios. Y es que, pese a la dificultad que suponen estas presas, la gran rapaz africana no sólo está perfectamente adaptada para atraparlas sin peligro, sino que además utiliza estrategias de caza tan elaboradas como precisas.
A menudo el uso de estas estrategias supone una íntima colaboración con su pareja. Para capturar cercopitecos verdes, por ejemplo, no es raro que el macho emita sus sonoros reclamos desde lo alto de la bóveda arbórea mientras la hembra avanza hacia una posición ventajosa para lanzar a su ataque desde abajo.
Distraídos por el macho, los monos no descubren la presencia de esta última hasta que ya es demasiado tarde. Su vuelo de rama en rama, por un territorio que conoce al detalle, es tan silencioso como rápido y atrapa al joven cercopiteco por sorpresa con una de sus garras mientras la otra le destroza el cráneo. Un vez abatida la presa, ambos sexos suelen compartirla, a menos que estén criando, en cuyo caso el mono es decapitado antes de ser transportado al nido para evitar todo peligro para el polleulo.