La idea de que los ríos son dioses y de que las fuentes son ninfas divinas está profundamente arraigada no sólo en la poesía antigua sino también en las creencias y rituales. Estas deidades están identificadas inseparablemente con lugares físicos y muchas veces se convierten en metáfora de las fuerzas emergentes de la Naturaleza y de la fluidez acuática.