Solo tú me diste, al fin de la senda,
cosecha repleta de hermosos
colores...
Y hoy grito con fuerza: ¡Mereció la pena,
sufrir mis dolores...!
Muy tarde encontré mi
jardín perdido...
¡Que oculta se hallaba la buena vereda...!
Mas hoy ya descanso, dichoso y querido,
en mi rosaleda...
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