Las dificultades del viaje interestelar
La principal dificultad del viaje interestelar es la enorme distancia que tienen que cubrir, y, por tanto, el tiempo que toma realizarlo. De ahí que una nave interestelar esté mucho más expuesta a los peligros del viaje, como la radiación, la falta de gravedad y los meteoros. La longitud del viaje hace que sea difícil diseñar misiones con tripulación, y hacen imposible la justificación económica de cualquier misión interestelar ya que los beneficios no se hacen visibles por décadas o más.
Se ha argumentado que una misión interestelar que no esté completa al cabo de cincuenta años, no debe comenzar siquiera. En su lugar, el dinero debería invertirse en el diseño de un sistema de propulsión superior. Esto se debe a que una nave espacial lenta quedaría detrás de otra misión enviada con una propulsión más avanzada. Por otro lado, Andrew Kennedy ha demostrado que si se calcula el tiempo del viaje a un destino determinado y la velocidad del viaje derivada del incremento en el crecimiento, hay un mínimo claro en el tiempo total a ese destino desde el presente. Esto es importante porque los viajes que se emprendan antes de ese mínimo serán sobrepasados por aquellos que partan al mínimo. Cualquier civilización que viaje a un destino interestelar puede calcular la mejor fecha para partir.
El viaje intergaláctico involucra distancias mucho más grandes que las distancias interestelares, lo cual hace mucho más complicado el viaje.
La principal dificultad del viaje interestelar es la enorme distancia que tienen que cubrir, y, por tanto, el tiempo que toma realizarlo. De ahí que una nave interestelar esté mucho más expuesta a los peligros del viaje, como la radiación, la falta de gravedad y los meteoros. La longitud del viaje hace que sea difícil diseñar misiones con tripulación, y hacen imposible la justificación económica de cualquier misión interestelar ya que los beneficios no se hacen visibles por décadas o más.
Se ha argumentado que una misión interestelar que no esté completa al cabo de cincuenta años, no debe comenzar siquiera. En su lugar, el dinero debería invertirse en el diseño de un sistema de propulsión superior. Esto se debe a que una nave espacial lenta quedaría detrás de otra misión enviada con una propulsión más avanzada. Por otro lado, Andrew Kennedy ha demostrado que si se calcula el tiempo del viaje a un destino determinado y la velocidad del viaje derivada del incremento en el crecimiento, hay un mínimo claro en el tiempo total a ese destino desde el presente. Esto es importante porque los viajes que se emprendan antes de ese mínimo serán sobrepasados por aquellos que partan al mínimo. Cualquier civilización que viaje a un destino interestelar puede calcular la mejor fecha para partir.
El viaje intergaláctico involucra distancias mucho más grandes que las distancias interestelares, lo cual hace mucho más complicado el viaje.