Le pidió a Dédalo, el famoso arquitecto, que le fabricara una vaca de madera. De esta manera, la reina se ubicó en la trampa para seducir el toro blanco. El descendiente de esta cópula artificial fue el citado monstruo cretense.
Ninguna versión del mito ha sido expresada de modo más sucinto que la de Herodes, atribuida a Ovidio, donde la hija de Pasifae se queja de la maldición de un amor no recompensado: “el aspecto del toro disfrazó al dios, y Pasífae, mi madre, fue víctima del toro engañoso, cargando con la reprobación y la culpa que no le correspondían”.
Varias interpretaciones literarias e históricas consideran que la maquinaria de la copulación artificial puede simbolizar la unión mística de la humanidad con las deidades, y que estos mitos provendrían de la cultura extranjera minoica, que influenció a los helénicos.
Ninguna versión del mito ha sido expresada de modo más sucinto que la de Herodes, atribuida a Ovidio, donde la hija de Pasifae se queja de la maldición de un amor no recompensado: “el aspecto del toro disfrazó al dios, y Pasífae, mi madre, fue víctima del toro engañoso, cargando con la reprobación y la culpa que no le correspondían”.
Varias interpretaciones literarias e históricas consideran que la maquinaria de la copulación artificial puede simbolizar la unión mística de la humanidad con las deidades, y que estos mitos provendrían de la cultura extranjera minoica, que influenció a los helénicos.