Existen dos focos narrativos: la focalización interna en primera persona protagonista y la focalización externa en tercera persona, cuando Teseo finalmente comenta a Ariadna que la bestia no se había resistido a morir. Aquí asistimos a una elipsis temporal, laguna de acción sugerida por el blanco tipográfico que diferencia visualmente la presencia de ambos narradores.