En cuanto a los vikingos del este, Ibn Rustah fue muy explícito acerca de su limpieza, pero a Ibn Fadlan le desagradaba cualquier hombre que compartiera el mismo recipiente para lavar su rostro. El desagrado de Ibn Fadlan estaba motivado probablemente por sus ideas particulares de higiene personal, propias del mundo musulmán. Aunque el ejemplo preendía expresar su desagrado sobre las costumbres de los vikingos, al mismo tiempo sirvió para registrar su hábito de limpieza diaria matutina.