Después de un período de comercio próspero y asentamientos, los impulsos culturales del resto de Europa comenzaron a afectar la dominación vikinga. El Cristianismo había tenido una presencia creciente en Escadinavia, y con el surgimiento de la autoridad centralizada y el desarrollo de sistemas de defensa costeros más robustos, los saqueos vikingos se volvieron más riesgosos y menos redituables.