El declive en la rentabilidad de las antiguas rutas comerciales también pudo haber jugado un papel en estas cuestiones. El comercio entre Europa y el resto de Euroasia sufrió un grave golpe cuando el Imperio Romano cayó en el siglo V D. C. La expansión del Islam en el siglo VII también afectó al comercio con Europa occidental. El comercio en el Mar Mediterráneo estaba en su punto histórico más bajo cuando los vikingos iniciaron su expansión. Al abrir nuevas rutas de comercio en las tierras árabes y francas, los vikingos se beneficiaron del comercio internacional por la expansión de sus límites tradicionales. Finalmente, la destrucción de la flota Frisia a manos de los Francos dio a los vikingos la oportunidad de apoderarse de sus mercados.