Así termina el libro. La confirmación de que se trata efectivamente del final está garantizada por la rúbrica con la expresión laus Deo tras la última octava. Sabemos que Cunedo siguió escribiendo después de la Alegoría: en 1644, su Elogio de Felipe III fue publicado en el taller de Juan Fernández de Fuentes, también en Murcia.
El abandono de los contendientes en plena batalla ya lo había practicado Cervantes en la escena del combate que libran Don Quijote y el Vizcaíno, ofreciendo una elipsis temporal abierta a la reposición de los detalles de la pelea por parte del lector, al chocarse éste con la escena trunca en el momento de máxima tensión… ¿Podría entenderse la imitación de este procedimiento como un guiño de Cunedo a la obra cervantina? Es difícil arriesgar una hipótesis. La parodia que despliega Cervantes a lo largo del Quijote –por el carácter intrínseco de transgresión que la parodia conlleva– sí combina con esa ingeniosa interrupción del combate entre su héroe y el vizcaíno... Pero en el caso de Cunedo, el final imprevisible desentona con el carácter serio y solemne del resto del poema. Sin embargo, además del final abierto, hay otro posible guiño de Cunedo al Quijote o, en sentido más amplio, aparece en la Alegoría una señal de la decadencia del género caballeresco, que en el Quijote había sido canalizada a través de la ridiculización, y es cuando la princesa Ferianisa, vestida de caballero, es retratada por Cunedo como “la griega infanta con su arnès mohoso”.
El abandono de los contendientes en plena batalla ya lo había practicado Cervantes en la escena del combate que libran Don Quijote y el Vizcaíno, ofreciendo una elipsis temporal abierta a la reposición de los detalles de la pelea por parte del lector, al chocarse éste con la escena trunca en el momento de máxima tensión… ¿Podría entenderse la imitación de este procedimiento como un guiño de Cunedo a la obra cervantina? Es difícil arriesgar una hipótesis. La parodia que despliega Cervantes a lo largo del Quijote –por el carácter intrínseco de transgresión que la parodia conlleva– sí combina con esa ingeniosa interrupción del combate entre su héroe y el vizcaíno... Pero en el caso de Cunedo, el final imprevisible desentona con el carácter serio y solemne del resto del poema. Sin embargo, además del final abierto, hay otro posible guiño de Cunedo al Quijote o, en sentido más amplio, aparece en la Alegoría una señal de la decadencia del género caballeresco, que en el Quijote había sido canalizada a través de la ridiculización, y es cuando la princesa Ferianisa, vestida de caballero, es retratada por Cunedo como “la griega infanta con su arnès mohoso”.