Como decíamos antes, parafraseando a Derrida: corpus y cuerpo están esencialmente imbricados. También Wolfgang Iser entendía que ficción y realidad no son entidades antitéticas porque la primera siempre nos comunica cosas sobre la segunda. Si sólo nos ocupamos del valor estético y no del sentido histórico que acarrea todo hecho literario, le negamos la riqueza documental y antropológica que éste ofrece para el conocimiento del pasado, del lugar que el arte ocupa como mecanismo de representación de la sociedad de una época y del uso innovador que cada lector puede otorgarle al contacto con su nuevo horizonte existencial.