Así, el amante debe humillarse ante su amada (es su “señora”) rindiéndole vasallaje, como si se tratase de un señor feudal. En la saga artúrica, esto se observa cuando Lancelot acude al rescate de Ginebra, que ha sido raptada por Sir Meliagunt y, habiendo muerto su caballo, sube a una carreta para llegar a destino.