Esto venía a confirmar la transición de los mitos egipcios a los fantasiosos relatos de los griegos de que el Fénix provenía de Arabia o Etiopía (la “región del amanecer”) donde se nutría de perlas de incienso, lo que le confería una larguísima existencia, volando desde allí al templo de Heliópolis, embalsamando a su padre Osiris en un huevo (¿el Sol?) y luego quemándose a sí mismo.
“La no comprensión griega de su aparición en Egipto sólo al fin de un largo período calendario parece demostrar -afirma Max Müller- que ninguna garza era mantenida en Heliópolis en los tiempos clásicos; pero no prueba nada de los períodos anteriores, en los que predominaban probablemente criterios más materialistas”.
“La no comprensión griega de su aparición en Egipto sólo al fin de un largo período calendario parece demostrar -afirma Max Müller- que ninguna garza era mantenida en Heliópolis en los tiempos clásicos; pero no prueba nada de los períodos anteriores, en los que predominaban probablemente criterios más materialistas”.