Los griegos lo bautizaron “phoenicoperus”, un apelativo que hace alusión a sus alas rojizas. Tal vocablo se popularizó a través de la Europa conquistada por Roma.
Los helénicos adoraban esta ave de alas perfumadas que se prendía fuego sola en el altar del sacerdote Heliópolis.
Los helénicos adoraban esta ave de alas perfumadas que se prendía fuego sola en el altar del sacerdote Heliópolis.