"Queda pues bien probado por la razón y por los hechos que el vidrio convertido en polvo muy fino o sea imperceptible, como dicen los facultativos, no puede ser de modo alguno dañoso como dice CRANTZ (in pollinem reducta innocua est). Si fuese más grueso podría en un estómago vacío entorpecer e irritar sus paredes, pero cuando el estómago está lleno de alimentos, los fragmentos se envuelven en la sustancia alimenticia, en las mucosidades que suministran las paredes irritadas y son con mayor o menor prontitud digeridas y evacuadas sin ningún accidente. En fin, el vidrio introducido en el estómago o intestino no podría dañar sino cuando los fragmentos agudos y largos, no de tres cuartos de línea, pero sí de muchas líneas se pegasen a las paredes de estos órganos, pero en este caso los accidentes no se manifestarían sino muy lentamente y serían anunciados por un dolor agudo limitado en aquella parte y no excitaría este trastorno general que se ha observado en la joven de que se trata".