"Una joven de un carácter vivo y sensible, en un impulso de despecho y desesperación, tomó un vaso de cristal que estaba en su aposento, lo machacó en una punta de su pañuelo con una gran llave y enseguida se tragó todos sus fragmentos. Una hora después, desengañada de su error, confesó el partido que había tomado para quitarse la vida. Habiéndonos consultado sobre esta circunstancia, tranquilizamos a la familia desconsolada, prescribimos el uso de una poción aceitosa y mucilaginosa y con el auxilio de un régimen prescrito y la elección de los alimentos, no probó accidente alguno y disfruta actualmente de una perfecta salud".