"Una joven robusta, encinta de ocho meses, después de una comida de familia, donde comió con abundancia cochinillo de leche asado, morcillas de sangre y manteca de puerco, e hígado de ternera mechado y donde contra su costumbre tomó café con aguardiente haciendo después un cuarto de legua a pie para volver a su domicilio, se metió en la cama sin sentir ninguna incomodidad y nueve o diez horas después, a las dos de la madrugada se despierta con agudos dolores de estómago que la obligan a levantarse y vestirse. Los dolores van aumentando y a las 4 ó 5 de la mañana comienzan violentas convulsiones, al principio de hora en hora y luego más frecuentes".